Un establecimiento icónico con un producto perfecto y una imagen desactualizada. Y detrás de cada cambio, un directorio multigeneracional que no quería perder lo que su marca representaba.
Décadas haciendo las mejores medialunas de Belgrano — con una identidad clavada en los ochenta. El brief, en corto: renovar sin romper. Elevar sin borrar. Todo en plena pandemia.
No rebrandear. Rescatar.













La marca conservó su nombre, su heritage y la confianza de los dueños que la habían protegido durante décadas. Lo que cambió fue todo lo demás: la tipografía, el color, la señalética, el mobiliario, la bandeja donde aterrizan las medialunas. Una renovación sin disrupción. En plena pandemia. Y sigue funcionando fuerte.
Cuando una marca tiene historia, la tarea no es reinventarla, sino acompañarla donde la empresa está hoy y donde quiere ir. La Argentina fue un ejemplo de ese proceso.